CARTA

Hola Mauro:

Hoy en el cole me acordé de vos porque no estabas. Te extraño más que nada en los recreos: era ahí cuando nos reíamos de todos, de cómo le pifiaban a la pelota, hasta los que parecían una promesa (no ha cambiado mucho, te lo aclaro). ¿Qué tal el equipo del Nacional Buenos Aires? ¿La chapa de Mejor Colegio de Argentina se luce en la cancha? Un día de estos le pido a mi abuelo que me lleve y me doy una vuelta por el campeonato.

Que vos estés lejos me pone triste, más ahora que tampoco está mi papá para entrenarme. Ando medio avergonzado, como si no tenerlo me dejara en desventaja frente al resto. Sobre todo cuando voy a la canchita. ¿Qué sentiste vos cuando se murió tu viejo? Me acuerdo que una vez me lo contaste. Se nota que era un tema que no me interesaba demasiado.
Tenías mi edad, de eso sí tengo registro. Y jugabas al fútbol, como yo (no tengo intención de ser profesor de gimnasia, te lo aclaro). Papá quería que fuera Ingeniero, siempre lo decía, ‘para continuar con el negocio familiar’ (con la fábrica de repuestos, bah). Nunca le dije que mi sueño es ser Investigador. No sé muy bien de qué, pero Investigar. Me imagino que vos estarás pensando que debería jugar al fútbol. Eso también lo pensaba mi papá.
Sufrió mucho, sabés, yo no quiero sufrir así cuando me muera. También me da mucho miedo que mi mamá pase por lo mismo. Ella está muy triste, si la vieras no la reconocerías, parece más vieja, creo que le salieron canas. ¿Tu mamá también se puso así?


Bueno, Mauro, espero no haberte amargado con mis noticias. Suerte en el campeonato. Espero que un día de estos vuelvas por el pueblo. Por las tardes siempre estoy en la canchita.
Joaquín.

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